viernes, mayo 26, 2006

Reflejo de una sonrisa

Cerré la puerta sin poder escuchar el sonido. Intenté llegar lo más silenciosamente posible para no despertar a nadie y entorné la puerta para no dejar escapar la luz. Abrí el grifo, me mojé la cara, y me crucé con él.

Ya me había pasado otras de veces anteriormente. Así pues, esta vez le saludé con más confianza. Empezamos a entablar conversación. Le conté que venía de fiesta, aunque él sabía que venía de hartarme a beber y fumar y cuando no pude más me vine de vuelta. No me van las fiestas propiamente dichas y lo sabe porque se lo he contado alguna que otra vez. Es consciente de que soy más bien pasivo, calmado y pacífico, me gusta el silencio, el reposo y estar relajado.

Por el contrario, él nunca duerme, siempre está dispuesto y atento para quien quiera verle, saludarle o hablar un rato con él. Como yo hice. Además de ser mi amigo, ejerce de psicólogo y de maestro, aunque no me gusta separar dichas palabras cuando hablo de amigos. Siempre escucha todo lo que tengo que decirle sin excepción, sin aburrirse ni dejarme de lado, incluso me lee la mente cuando no puedo o no quiero mediar palabra, y sin que mueva los labios sabe todo lo que estoy diciendo. Me ayuda a reflexionar aunque solo sea con su paciencia y silencio, es así como me hace ver las cosas como debo verlas y me enseña todo lo que necesito ver. Es curioso porque a todo el mundo podría ayudar pero casi nadie acude a él, solo lo hacemos unos pocos. Esta repartido por todo el mundo y en todas partes es igual. Igual o más inteligente al que se le ponga por delante.

Dejé de hablar con él un instante para observarle fijamente con mis pupilas nerviosas. Tenía la cara pálida y brillante, los ojos rojos, pequeños y profundos rodeados por ojeras con ganas de crecer, los dientes amarillos y la piel del cuello algo sucia. Desprendía un olor algo desagradable, una mezcla de sudor y humo de cigarrillo. Se le veía contento o más bien eufórico y a la vez algo triste e indignado. Me dispuse a escuchar, ahora yo a él, lo que tenía que explicarme incluyendo la expresión de su rostro. No me sorprendió su respuesta. Me quité las putas lentillas mientras conversábamos. No parábamos de hablar y reír. Después me senté un rato en el váter para cagar y mear.

Me despedí de él con una mueca en forma de sonrisa. Me desnudé como pude y me metí en la cama. Me acosté riéndome. Tenía el estomago y los pulmones cargados hasta los topes, además mi cabeza seguía dándose cabezazos. Pero me dormí feliz y con la mayor de las sonrisas tatuada en mi cara, y todo porque estuve hablando con mí espejo.

domingo, mayo 21, 2006

Dentro

Me adentré en su profundidad. No sabía nada de lo que encontraría. Esa idea fue la que me cautivó y me empujó a entrar. Esa duda fue la que me permitió vivir intensamente de algo desconocido por conocer. Luego, entré.


Apareció delante de mí una morena de ojos claro. Ojos cielo con oscilaciones infernales, cuyas pupilas eran de papel, dispuestas a mojarse con lágrimas de azul calambre para mi consciencia. Sentí repentinamente una impotencia reservada a los solitarios sin causa, a los que revolotean sin ANIDAR. A los que como yo (yo mismo) ausentan la razón de su ALETEO. Todo eso percibí de su mirar.

(Su cuerpo era maravilla.)

Me alejé, me dispuse a no sufrir, y fui directo a por un pelotazo, arrastrando a mi pesado cuerpo embriagado por toda la sala hasta llegar a la barra. Me esperaba negra y mojada, con su luz y su sombra exquisita. Yo me agazapé en ella. Reafirmé mi amor apoyandándome vicioso en su lomo. Duro lomo de frío mármol que envenena de calor mi lujuriosa alma. En fin, me sirvieron otro cubata.

Rozando su frío me alejé de ella, dejando marcado el paso de mis dedos por su superficie. Me adentré en la discoteca, de nuevo en su profundidad. Volví a sentirme perdido, con la especial sensación de sentirme, más que nunca, en casa.

Anduve solo y con latigazos de sangre directos al glande (dícese: erección). Así, ¡joder!, con la poya dura, y con mi vaso en la mano.
Me sentí más bohemio y soñador que nunca. Estaba dentro del lugar de encuentro de mi soledad con mi poca esperanza. Ambas me incitaron a beber. Nunca quise ser un alcohólico, no fui yo quien me envició. Les tomé la palabra, sólo eso.

Volví a rozar un cuerpo. Noté su calor adentrarse por los poros de mis manos, y mi piel se puso de gallina, y me ‘engalliné’ de tal forma, que agaché la cara descuidadamente mientras le tocaba el culo. Nunca la miré esperando su SI. Me fui sin hacer ruido, pero sobre todo dolido. Incliné mi vaso cual volquete y bebí un trago largo.

Al salir a la calle, después de unas horas de pretencioso ALETEO, me encontraba agarrando de la cintura una mujer espléndida, lúcida de expresión y con cara de ángel aventajado en la consumación de la alegría. Me propuso ANIDAR cerca del cielo, en su misma casa, y no me quise negar. Me arrastró su marea de esplendoroso cauce. Me deje llevar.

En conclusión deduje, que mi soledad expuesta al desnudo, en frente de la impotencia ante la morena de mirada celeste, más mi poca esperanza de albergar bajo el arrope de mi ser el culo de aquel cuerpo que me hizo ‘engallinar’, fue devastado y aniquilado en su habitación.

Me llevó a su hogar. me sedujo impregnando.

Acabé mi vaso y me quedé solo. Cogí el coche, y haciendo ‘eses’ conduje hasta mi casa.

miércoles, mayo 10, 2006

¡¿Fin?!

Como siempre abandono el primero el cine.

No me quiero acostumbrar a acabar de ver las películas. No le encuentro el gusto.

Me quedo con la cara de los personajes y salgo a la calle a imaginarme como sería mi vida rodeado de ellos, y yo mismo le pongo mi propio final. De esta forma consigo involucrarme más que nadie en una película, y sobretodo consigo que su final siempre me guste. Rodeo el bello cuerpo de la esbelta protagonista con la cual todos en la sala llevan dos horas fantaseando. Yo la tengo. La beso mientras ellos observan sus últimos momentos de actuación en la gran pantalla.

Llevo 5 años viendo películas a diario, pero nunca veo su final. Me aterra pensar en la idea de que mis sensaciones acaben en el punto álgido al que me compromete el director de cine. Antes si que lo hacía.

Adoro a los directores, son capaces de hacer revolotear más pájaros en mi nido mental, de los que yo consideraba vivos. Siempre mejoran tu punto de vista y consiguen que sientas, como propias, sensaciones expuestas al mayor número de personas posibles.

Por eso mismo no me gusta acabar las películas. Sé que cuando comente el final con alguien, nadie sabrá mi verdadero final, siempre hablarán del suyo, el de todos. Fin y al cabo, ¿no es mi perplejidad mental lo que realmente da sentido a los valores y intenciones de los directores?

Cruzo la calle y sigo pensando en cuanto tiempo le quedara a mi película.

Ellos seguro que ya la han acabado, se acomodan a perder los instantes de pensamiento que yo recluto, a veces incluso días después de haber empezado a ver el film.

Voy indagando en las miradas de los conciudadanos huérfanos de metas con los que me cruzo. Seguro que ellos tienden a acabar las películas, y quien no lo hace no es porque muestre interés en poseerla y hacerla única, simplemente, quien no acaba de ver una película es por pura apatía o por que se queda dormido. Ellos andan con la cabeza gacha y puramente mecanizados.

Miro el cielo y me deslumbro. Me encanta mirar al Sol directamente. Lo desafío, y sólo a veces consigo imponerle respeto, y hago que me dé un final válido para la película que tengo en mente. Por lo general, el se muestra poderoso, y acabo por retroceder unos pasos, tapándome los ojos cegados con los dedos. Son los mismos dedos y la misma ceguera la que me consuela cuando explico a la Luna por la noche, que ese mismo día el Sol no me ha hecho caso. Se lo explico plácidamente, sosteniendo un buen licor con ‘esos dedos’ que me ayudan a soportar mi ‘ceguera’ pertinente de bebedor.

A veces, y sólo a veces, Luna y yo follamos. Es uno de mis mejores finales. Sobretodo me gusta éste final cuando no me lo espero.

Me encantan los finales inesperados, y sobretodo abiertos…

¡¿FIN?!

lunes, mayo 08, 2006

El juego

De verdad desaparecemos al morir? Y si no lo hiciéramos?

Se trataba de una especie de juego post-muerte. Supongo que hay que vivirlo, o mejor dicho morir y vivirlo, para poder entenderlo.

- Donde estoy? Todos aquí hemos muerto. Estamos juntos en una habitación de apartamento de la cual no podemos escapar. Pero estamos vivos. Como he muerto? Ya me acuerdo. Fui arrollado por un tren. Pensaba que moriría arto de vivir pero...

Por lo que hablaron, ella se había cortado las venas. Los otros dos eran matones los cuales habían sido asesinados. Y el otro chico, ‘el otro’ era diferente, estaba muy tranquilo y seguro de sí mismo, como si llevara ahí toda la vida. Lo único que dijo es que si lograban pasar la prueba de esta noche volverían a casa, como faxes, y cuando llegaran a 100 puntos de juego regresarían a su vida normal. Como si nada hubiese pasado. Aunque la memoria no se borraría.

También había un perro en la habitación. Al principio cuando apareció la chica, el perro empezó a mirarla y a mover el rabo de lado a lado, fue tras ella y le empezó a lamer las piernas, cada vez más arriba, hasta que la chica cayó al suelo empujada por el perro, entonces el perro empezó a lamerle las profundidades de la corta falda que llevaba, y ella no hacía más que retorcerse y gemir. La gente no podía parar de reírse. Él le quitó el perro de encima y la ayudó a incorporarse. No estaba para cachondeos.
Había una especie de pistolas y unos trajes negros fabricados de un extraño material. Una pistola y un traje por cabeza. El traje estaba hecho a medida para cada uno. Esto era la única defensa que tenían los participantes, a parte de su propia habilidad.

Volvieron. Consiguieron superar la prueba de una hora de duración, y regresaron a casa. Todos menos los dos matones que fueron asesinados por culpa de su falta de cooperación y humanidad. El perro también regresó ileso. Su gran instinto y olfato le ayudaron para esconderse y mantenerse seguro hasta el fin de la prueba, pero no sumaba puntos de juego.

La prueba o el juego consistía en eliminar a una especie de seres vivos dañinos para la raza humana, pero que el ojo humano ‘vivo’ no puede apreciar, en cambio, los efectos hacia lo material si los sufrían. Así pues, a la vez de destruían a los seres, tenían que tener cuidado de no matar a ningún humano ‘vivo’ o les restarían puntos.

Salieron de allí con vida. Pero eran como copias de su antigua persona, o como dijo ‘el otro’, como faxes. Sabiendo que les volverían a convocar para jugar de nuevo.

- Vuelvo ha estar vivo y vuelvo a ser libre! Es que he muerto alguna vez? Es imposible ser arrollado por un tren y sobrevivir.

Una vez en la calle, acompañó a la chica a su casa. El teléfono empezó a sonar y ella lo cogió.

- Estás ahí!? …Tu hermana! Ha aparecido en la bañera…

La mujer no paraba de llorar y chillar.

-Está en el hospital! Estaba muerta pero han conseguido reanimarla! No me quieren decir nada más! Tienes que venir enseguida!
- Ella se quedó paralizada. Y se hizo un enorme silencio.
- Hija? Estás ahí!? ...No eres tu verdad!? …Quien anda ahí!?

Ella colgó el teléfono y se hecho ha llorar. Le contó que si estaba viva en el hospital como podía ser... Por suerte su hermana no estaba en casa en ese momento.

Él la invitó a quedarse en su casa. Vivía y vive solo, no muy lejos de la suya. Así podría ver a su otra ‘yo’ cuando quisiera.

Mientras seguían con sus vidas y pensaban cuando les volverían a convocar, su relación se fue haciendo más fuerte y su atracción más intensa. Se enamoraron. No paraban de follar, día y noche, como si su tiempo juntos estuviese cronometrado.
Todo iba muy bien hasta que les volvió a convocar. Sucedió de la misma forma y les llevó al mismo sitio. Eran los mismos individuos que habían sobrevivido la última vez y algunos nuevos. Dos enfermos mentales con ansia de matar vagabundos y ancianos, y una chica algo mayor que la ‘suya’, pero que aún estaba más buena.

Esa vez también volvieron los dos sanos y salvos a la casa de él. La chica nueva también sobrevivió. Pero los dos enfermos mentales y ‘el otro’ murieron jugando. Los mató el ansia de llegar a los 100 puntos.

Esta vez, la vida que llevaron fue igual a la anterior.

- Eres la chica de mi vida, y ni yo mismo me creo como te he conocido.
- Lo mismo te digo amor.

Los volvieron a convocar. Entre juego y juego había siempre el mismo espacio de tiempo, 7 días.

Esa vez, como las demás, había gente nueva. También volvía ha estar la chica de la ultima vez. Y como en todas las anteriores, el perro, que daba la sensación que se quedaría a vivir allí para siempre. Pero ésta no acabaría igual a las otras veces.

Todos murieron. El perro murió. Ella también murió. Todos menos él. Fue escalofriante y agónico. Una auténtica sangría. Trauma sobre trauma. Pesadilla sobre pesadilla. Aquel juego fue muy duro, diferente al resto, y con el doble de duración que las otras veces.

Había llegado a los 100 puntos. Sería libre para el resto de su vida. Pero eso era una gran ironía. La cual sigue viviendo día tras día. Volvió a nacer pero en una pesadilla constante para el resto de sus días. Dejó de ser un fax entre juego y juego, para no haber muerto nunca.

Iba hacia su casa, esta vez sólo, cuando se cruzó con ella. Se la quedó mirando y pareció pasar el instante más largo de su vida. Pero no se pudo contener. Empezó a explicarle y a preguntarle.

- Cómo sabes mi nombre? Y como sabes todo eso de mí!? Eres un acosador!? Si sigues llamaré a la policía.
- Pero si yo te quiero! Y tu me quieres! Créeme! Dijimos que éramos el uno para el otro!

Solo consiguió una denuncia y ver a la chica de su vida como nunca la había visto antes, sino todo lo contrario. La pesadilla de su sueño acababa de empezar. Se estaba volviendo loco, a decir verdad, creo que se ha quedado tocado para siempre pero yo le ayudaré todo lo que pueda.
Yo como amigo de mi amigo, me creo la historia que me cuenta día tras día, y por eso le ayudo a superarlo ya que, nadie más que yo le creería jamás.

A veces pienso que es mejor desaparecer del todo y para siempre una vez mueres. Él lo hubiese deseado.