jueves, octubre 21, 2010

dentro del dedal

me castigué haciéndome recoger cada uno de sus pelos de nuestra cama uno a uno con una diminuta y oxidada pinza. cuándo incluso los relojes dejaron de funcionar aburridos por el paso del tiempo...
dejé aquella pequeñita bolita de pelo acurrucada en un dedal. esa noche me levantaron el amargo castigo.

me lancé como un náufrago suicida contra la noche.. recuerdo... una partida de billar parecida a una partida entre pacientes con déficit de atención a lisas y pacientes con pérdida de memoria a rayadas: agradable y humildemente distendida.
después, luces apagadas, música y.. ¿puede qué ácidos... al rato, mordiscos en el cuello, sangre en los labios y amaneciéndo así, decidí castigarme de nuevo. no volver a entrar a otra cama..

abandoné un par de sujetadores, un tanga, en el que flotaban, allí.. lejos... donde el diminuto trozo de tela; la lengua de los rolling stones, creo que había medias o mayas y todavía me golpea en el seso, ese culotte finísimo como el aire, derritiéndose por dentro...

como una planta en una salita durante el verano, secando, partiéndome a pedazos, abandonada.. así me tomé un dulce café frente a la pared de la cocina, con el cenicero hablándome concienzudamente...me levanté, agarré la pinza de nuevo, destapé otro trocito de sábana y en aquel minúsculo trozo de almohada seguí recogiendo sus pelos..

(nda: tuve que cambiar la contraseña... maldito el tiempo)

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2 Comments:

Blogger Sergio Lesmes said...

Por la falta de justificación y la plena ausencia de mayúsculas, juraría que este texto es un Crtl-C Crtl-V de un notepad.

Muy surreal y resacoso el texto, compañero...
No acabo de comprender la penitencia de recoger pelos de la cama.¿Es algo así como borrar las huellas de las reiteradas noches de lujuria?

see you...

10:59 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

me encantó lo de la partida de billar!

12:54 a. m.  

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