viernes, diciembre 10, 2004

Félix y Carla

Eran las ocho de la mañana y Félix estaba en la desordenada cocina preparando el desayuno a su hija Carla. Salió de la cocina, cruzó la pequeña y desordenada sala de estar y abrió la puerta de la habitación de Carla.
Aquella habitación era totalmente diferente al resto del piso. No había desorden, estaba todo limpio y bien acondicionado.
Félix se sentó en la cama, cerca de las pequeñas rodillas de Carla. Le gusta mirar a su hija mientras duerme. Con sus ojitos cerrados y su revoltoso pelo tapándole parte de su cara. Carla dormía tranquila, serena.
Con su huesuda mano Félix acarició la suave cara de Carla:
- Princesita… Venga cariño despierta que hay que ir al cole. Vamos muñeco que ya es viernes y hoy tienes Gimnasia…
- Se dice Educación Física, papá. - Mientras estiraba sus cortos brazos y bostezaba profudamente. Los dos rieron. –
- Bueno, pues eso. Vístete princesa. Encima del escritorio tienes la ropa. – Félix ya estaba saliendo de aquella habitación-

En la cocina, Félix cogió el tazón de leche, la caja de los cereales, una cuchara, azúcar y los llevo hacia la mesa cuadrada de la sala de estar. Volvió a la cocina por su café. Desde allí escuchó a Carla cantar alguna canción de Bisbal. Volvío a la sala de estar y encendió la radio.
Carla apareció por la puerta con el cepillo en la mano.
- Péiname papá. Hoy quero una coleta.
- Vale princesita. Pero ve desayunando que perderemos el autobús.

La niña se sentó en la silla y empezó a desayunar. Mientras Félix cepillaba el pelo de su hija. Carla tenía el cabello castaño, muy luminoso y fino. Parecía miel como sus ojitos. El hombre recogió el cabello en una larga y alta coleta.
- Así no te molestará en Educación Física. – Volvió a reír y Carla con él –
- Mu bien, papá.
- Vamos Carla ve por la maleta que al final perderemos el autobús.

Carla deslizó su culete por la silla hasta caer de pie y fue a recoger su maleta.
Félix dio su último sorbo a su café. Había sido una larga noche.

Ya en la parada del autobús Carla empezó a hablar con su amigo Pedrito. Era un niño muy delgado, de grandes orejas, pero de mayores gafas. Se llevaban muy bien.
Félix sacudió la cabeza a modo de saludo mientras guardaba sus manos en los bolsillos de su abrigo. Saludaba al grupo de madres y padres que como él acompañaban a sus hijos al colegio.
Como siempre Félix se mantuvo a cierta distancia; suficiente para los mayores, inexistente para su querida hija Carla.
Los padres no le devolvieron el saludo. Como cada mañana. Para ellos no era más que un yonki.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

La cruel realidad...
Damos la espalda a los problemas de la gente, me gusta dsd el punto de vista que esta explicada ,muy tierrna :P
El lado humano que no vemos de un yonki.

CUIDATE,
tiriti

2:11 p. m.  

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